El papel de la geopolítica en la carrera por el liderazgo tecnológico: Estados Unidos, China y la Unión Europea

Descubre cómo la competencia entre EEUU, China y la UE está definiendo el liderazgo tecnológico global en una era de creciente

En los últimos años, la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China se ha intensificado, marcando un nuevo capítulo en la rivalidad por la hegemonía global. Aunque existen tensiones crecientes, también hay factores que sugieren la posibilidad de una coexistencia en aspectos económicos y geopolíticos. La tecnología es un campo clave en esta competencia, con Estados Unidos y China compitiendo ferozmente por el liderazgo.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos ya predijo en el año 2000 el ascenso de
China como un «gigante de alta tecnología». En su último informe sobre el Proyecto 2049, publicado en 2016, se observa que China ha avanzado más rápido de lo esperado. Esto contrasta con la política de «America First» de Donald Trump, que ha enfocado los esfuerzos en mantener la supremacía tecnológica de Estados Unidos.


La geopolítica de la innovación se alinea con la participación activa de Washington en el desarrollo de la tecnología digital, reflejando un papel proactivo en la seguridad nacional. Sin embargo, es importante recordar que Estados Unidos inicialmente apoyó el proceso de modernización de China durante las cuatro décadas de reformas y apertura, contribuyendo al desarrollo del Sistema Nacional de Innovación (SN) de China.
El motor del SN estadounidense ha sido la innovación no solo en bienes y servicios, sino también en la organización empresarial y la regulación gubernativa. Estados Unidos destaca en el Índice de Competitividad Global gracias a su robusto escenario para la innovación empresarial y el acceso a financiamiento en cada etapa del desarrollo. Sus universidades de clase mundial, capital humano altamente capacitado y grandes empresas innovadoras son clave para mantener su liderazgo.


El enfoque chino en I+D comenzó tarde, pero ha avanzado significativamente. En 1997, una reunión de alto nivel en China, conocida como el «Pleno de Zhongguancun», marcó el inicio de un esfuerzo coordinado para conectar al país con la Tercera Revolución Industrial. Este impulso ha permitido a China convertirse en un actor clave en la tecnología, superando a Estados Unidos en consumo energético y emisiones de CO2, y estableciendo bases para la transformación de su economía.


En este contexto, la Comisión Europea ha advertido que la pandemia de COVID-19 podría llevar a un crecimiento económico desigual y a una mayor competencia geopolítica en áreas estratégicas. Para evitarlo, la UE ha propuesto un plan integral que incluye una recuperación verde y una estrategia digital. Sin embargo, las diferencias en capacidades científicas y tecnológicas entre los países miembros complican la implementación de políticas unificadas de I+D+I. A nivel global, la crisis del COVID-19 ha resaltado la necesidad de acelerar la transición ecológica y la transformación hacia una economía digital. Estados Unidos y China han adoptado hojas de ruta claras para esta transformación, redefiniendo el papel del mercado, las infraestructuras públicas y las relaciones internacionales en torno a sus intereses tecnológicos.


Una nueva carrera por las tecnologías disruptivas, impulsada por la geopolítica, ha emergido. Estados Unidos ha incrementado el control sobre la inversión extranjera en sectores avanzados como la inteligencia artificial, la robótica y los coches autónomos, mientras que China lanzó en 2015 su plan «Made in China 2025», con el objetivo de convertirse en una superpotencia tecnológica y manufacturera en quince años, eliminando su dependencia de la tecnología occidental.


Europa, aunque de menor intensidad en términos militares, ha comenzado a crear su propia fuerza militar conjunta, liderada por Francia, Alemania y España, con un presupuesto limitado pero con la aspiración de desarrollar tecnología de doble uso, tanto civil como militar. A pesar de esto, Europa se enfrenta a un escenario geopolítico complejo, especialmente con la creciente tensión entre Estados Unidos y China desde 2016. En la economía digital, los efectos de red y la tendencia hacia la formación de monopolios relativizan la importancia de los mecanismos regulatorios. El liderazgo en TIC es crucial para mantener la soberanía nacional y la relevancia en el escenario internacional. Abandonar el liderazgo en favor de un competidor ajeno a los principios liberales occidentales podría poner en riesgo la seguridad nacional y la influencia global.


Las estrategias de Estados Unidos y China están enfocadas en la hegemonía tecnológica, controlando el sector líder de la nueva era y, por ende, moldeando la sociedad futura. La dualización de la economía mundial, impulsada por la competencia entre estas dos potencias, podría dividir los sistemas de innovación globales. Aunque la Unión Europea aún no alcanza el liderazgo tecnológico, debe reconocer que la situación no es irreversible y que el liderazgo actual de China y Estados Unidos no es definitivo.


China, junto con Asia Central, ya lidera en industrias digitales, inteligencia artificial y biomedicina, consolidándose como el principal hub de innovación global. Aunque la UE busca una mayor colaboración con China, su enfoque en el Programa Horizon Europe sigue centrado en Estados Unidos y Japón. China es el principal competidor en innovación y mercado, pero los acuerdos comerciales justos podrían beneficiar a ambas partes, evitando la dualización de la economía mundial.

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Artículo escrito por: Fausto Moreira

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